La Abuela Que Venció Al Coronavirus
noviembre 24, 2021La historia de Luisa, una sobreviviente de este virus mortal.
Nadie sabe cómo se contagió de covid, ella creé que ha sido cuando llevo su perrito a la veterinaria. |
Al ver que la prueba molecular aplicada a mi
abuela Luisa dio positivo al covid, el tiempo se detuvo algunos instantes,
quedé totalmente paralizada y el pánico se apoderó de mí.
Me preguntaba como habíamos llegado a esta
situación, solo esa mañana estaba haciendo planes para el día siguiente con
ella, era su cumpleaños y ahora me daban esta terrible noticia.
Quería pensar que solo era un mal sueño del
cual despertaría pronto, pero al ver a mi mamá quebrarse frente a mí supe que
era una realidad.
La mañana en la que recibimos la noticia, 23 de julio del 2020, mi abuela despertó muy temprano como era su costumbre, aunque esta vez algo diferente, con un permanente dolor de cabeza. Sin darle importancia a este síntoma continuo con su rutina diría, esto fue un gran error ya que una hora más tarde la fiebre comenzó.
Al ver su semblante débil, mis tíos la ayudaron
a regresar a su cama para que volviera a acostarse hasta
que recuperará fuerzas, pensando que tal vez solo sería un ligero malestar
pasajero. Con el pasar de las horas la fiebre no disminuía y el dolor de cabeza
aún era fuerte, los analgésicos parecían no hacer efecto, verla así era
preocupante.
Sospechando lo que podría ser, mi tío preguntó
a mi mamá si podía contactar de manera rápida algún médico que realice pruebas
de descarte covid a domicilios. Por suerte la compañera de mi mamá estaba
disponible y acepto venir esa misma tarde.
Se acercaba el momento, dieron las 4 de tarde y
la doctora llegó. Nos dijo que era preferible que todos los familiares pasaran
por la prueba, así fue uno a uno en fila india esperó su turno hasta llegar a
mi abuela.
Para ver los resultados, esperamos 15 minutos,
los cuales para mi fueron eternos, la angustia de saber que alguno de nosotros
estaba con el virus y que tal vez pudimos haber contagiado a mi abuela, ella al
ser un adulto mayor y tener otros males de la vejez sería la más perjudicada.
La doctora empezó a anunciar los resultados,
negativo tras negativo, estaba casi segura que todo había salido bien y que
mañana podría entregarle su regalo de cumpleaños. Faltaba solo uno, dio
positivo, mi abuela estaba contagiada.
Fue impactante recibir la noticia, me
preguntaba cómo había pasado, en que momento había ocurrido, los planes que
realicé también se habían esfumado, pero debía mantenerme fuerte, aunque era
casi imposible al ver las lágrimas de mi abuela.
Esa misma tarde comenzó su tratamiento, la
atenderíamos en casa ya que los hospitales estaban colapsados de casos covid,
paracetamol y otros medicamentos le recetaron. 15 días debía tomar sus
medicamentos, luego de ese tiempo la doctora vendría de nuevo para revisar si
había mejoras
Al día siguiente, fue un cumpleaños muy triste
para ella, estamos acostumbrados a reunirnos en familia para ese día tan
especial y ahora debido al virus estábamos separados. En este tipo de
situaciones empezamos a valorar detalles tan pequeños como: un abrazo, un te
quiero e incluso pasar tiempo juntos, parecen tan insignificantes, pero para
los abuelos son recuerdos que perduraran siempre en su memoria.
Tres días después su estado de salud había
empeorado, los dolores se intensificaron, no tenía apetito y los más
preocupante era su dificultada para respirar. Alarmados contactamos de nuevo a
la doctora, volvió a revisarla y decidió cambiarle el tratamiento, nos mandó a
conseguir un balón de oxígeno lo más pronto posible, de ahora en adelante el
oxígeno seria vital para mi abuela además los nuevos medicamentos recetados
serian aplicados por vía intravenosa.
Conseguir un balón de oxígeno por aquellos
días era un arduo trabajo, la pandemia había alcanzado los más altos niveles de
contagio y se vivía unos escases de oxígeno a nivel nacional, los pocos que se
encontraban a través de ventas online tenían el precio triplicado.
Con la
ayuda de mi papá, trabajador del hospital de la provincia de Barranca,
conseguimos un balón de oxígeno, inmediatamente contratamos un enfermero, quien
encargaría de la aplicación de los medicamentos y el uso correcto con las dosis
indicadas de oxígeno.
Permaneció muchas semanas con oxígeno. Las
dosis aumentaron, ya no podía emitir palabra alguna, pero en su rostro se veían
desesperación. “No quiero morirme”, era la frase que más repetía. Verla tan
frágil me partía el alma quería abrazarla y decirle que todo estaría bien.
Llego un punto en el cual solo balón no era
suficiente, en un día podía gastar hasta tres, debido a eso y las fuertes dosis
aplicadas, su cuerpo se debilito rápidamente, estaba tan delgada y pálida que
parecía un alma en pena. El solo recordar esa imagen hace que hasta el día de
hoy sienta miedo de verla de nuevo en esa situación.
Casi dos meses tuvo que pasar que se recuperara
y le dieran de alta. fueron semanas muy difíciles, las lágrimas y la desesperación
eran eventos diarios; sin embargo, nunca perdí la esperanza de verla sonreír de
nuevo. Tuvo que seguir terapias físicas
todo el año para que su recuperación
sea por completa, ya que la covid había dejado secuelas en sus pulmones, su
corazón y sus riñones.
Es
reconfortante saber que la peor etapa ya pasó y que hoy está nuevamente
conmigo. De esta experiencia aprendí mucho. Ahora valoro más cada momento que
paso junto a ella.
1 comments
Excelente crónica,es una historia real,en la cual,el objetivo es ayudar a las personas a cuidarse,pues todavía vivimos en pandemia.Pero lo más importante es el amor que mi princesa me tiene ,el cual es recíproco.Te amo.
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